ALGO QUE HABRÉ COMIDO

Opinión 2.0 de El Campello

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ALGO QUE HABRÉ COMIDO

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La llamada tasa turística no es un capricho de los gobiernos progresistas ni algo contra lo que hay que luchar cuando ganan los Populares con Vox. Es un recuerdo de que las cosas, cuando son gratis pierden el valor del sacrificio con el que han sido ideadas, conseguidas, trabajadas y conservadas para que el turista o cualquier género de transeúnte contemple, haga uso o disfrute con fruición de dicha obra

 

Hará una semana que abrí, después de un mes, el Instagram y pasó por delante de mí una imagen colgada por Radio El Campello en la que figuraban dos alcaldes y una regidora: el alcalde de Benidorm, Toni Pérez, de El Campello Juan José Berenguer y Marisa Navarro. Estaban promocionando turismo local en la capital del Reino Unido y, según apuntaba la crónica del medio de comunicación, estaban allí “festejando la abolición de la tasa turística” por el gobierno conservador (luego explicaré lo de conservador) para la Comunidad Valenciana y que tantas y tantas veces habían intentado llevar a plenos municipales en el caso de El Campello, particularizando el caso de esta localidad ya que la tasa turística había sido discrecional en el mandato del socialista Puig. Realmente fue un sobresalto y me pregunté si aquello era realidad y no algo que había comido.

 

La llamada tasa turística no es un capricho de los gobiernos progresistas ni algo contra lo que hay que luchar cuando ganan los Populares con Vox. Es un recuerdo de que las cosas, cuando son gratis pierden el valor del sacrificio con el que han sido ideadas, conseguidas, trabajadas y conservadas para que el turista o cualquier género de transeúnte contemple, haga uso o disfrute con fruición de dicha obra. En El Campello tengo la seguridad de que no ha habido, en todos estos años desde el invento del turismo de masas, ningún caso de muerte o ingreso en urgencias por el llamado síndrome de Stendhal que, como todos sabemos, fue un trastorno psicosomático provocado por la exposición a la cantidad de riquezas artísticas cuando el autor galo visitó por vez primera la ciudad de Florencia y que le llevó al desmayo. Ironías aparte, cada localidad en auge turístico debe aprovechar el tirón del momento y es evidente que Benidorm, aunque lo usa, no tiene  necesidad de ello sobre el papel contable, claro está.

 

De las ciudades importantes que he visitado en estos últimos 25 años (no estamos hablando de aldeas perdidas en la montaña cántabra ni de campamentos del Sahel), muy pocas de ellas se niegan a imponer un pequeño óbolo, un donativo que otorga un sentido de añadido, un plus que no es más que la compensación a lo que los habitantes del lugar han llegado a conseguir gracias a la Naturaleza misma, a su esfuerzo por construir, conservar o simplemente respetar hitos en su propio territorio. No se trata de cantidades inabordables, sino necesarias para instruir a los locales en el empeño que han mantenido todo este tiempo.

 

¿Por qué mantener una tasa turística, se pregunta la gente que no regenta negocios relacionados con el hospedaje y del por qué de esa riña entre partidos, aparte de las razones que he aportado más arriba? Pues digo, con la razón que me da lo mucho que me he movido, que es una variable insignificante en la ecuación, del aumento o la disminución de visitantes, tal es lo exiguo de su cantidad. Montreal, Nueva York, Buenos Aires, no van a tener menos visitantes por tener que abonar 2 € al día por disfrutar de la acogida y el disfrute de sus monumentos. Y el destino de dicha tasa está conceptuado y encasillado en las obras de conservación, restauración, embellecimiento y puesta en funcionamiento del patrimonio local, en los servicios que una localidad ofrece al visitante, en los esfuerzos durante años y que puede dar un buen número de empleos relacionados con la exposición y el relato de las bellezas locales, sean las que sean. Así, en el caso de El Campello, quizás ya podrían estar proahijadas algunas figuras del patrimonio histórico y arqueológico, incluso de pasado reciente como propias y mostradas cotidianamente, quizás se podrían haber organizado actos, conciertos, exposiciones, muestras, historias que con la tasa turística no hubieran tenido escusa de olvidar. A los hechos me remito, como decía don Ángel Cano. Y en la mente del legislador circulaban estas ideas que la derecha menosprecia y aleja.

 


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