LA RESOLUCIÓN

Opinión 2.0 de El Campello

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LA RESOLUCIÓN

LA RESOLUCIÓN Articulo enviado por: EDUARDO SEVA ROMÁN , Doctor en Ciencias Biológicas

Hemos dejado el gran problema de la supervivencia de nuestro planeta en manos de las multinacionales del comercio y de la comunicación, cuando lo que está en juego es lo que más nos interesa y somos nosotros mismos

Se define resolución (o poder de resolución cuando estamos hablando de un instrumento) como distancia, la distancia que existe entre dos puntos de manera que podamos verlos como dos puntos y no como uno solo. La resolución es baja cuando existe un alto poder de resolución, por tanto, y es alta cuando estamos cegatos.

 

Nos hemos empeñado en acercarnos a lo más íntimo de las moléculas y de los átomos, de manera que estamos ya manipulando grupos de nucleótidos (las letras del abecedario de los cromosomas) que constituyen genes cortos de un peso molecular de unas decenas de miles. Quiere esto decir que estamos aumentando el poder de resolución de nuestras experimentaciones introspectivas del cuerpo humano y consiguiendo encauzar y enderezar enfermedades raras que afectan a un 0,00001% de la población mundial, en un alarde de triunfo de lo “pequeño”, de la biología molecular. Los telediarios no fallan ningún día en mostrarnos alguna de estas proezas y conquistas y, a nivel de los países más avanzados, no se escatiman esfuerzos y recursos para avanzar en estas líneas de lo micro.

 

Sin embargo, y a modo de la prostitución más burda, no escatiman en ofrecérsenos en nuestras pequeñas pantallas de móviles las tecnologías al uso más atractivas para tenernos entretenidos y para que pensemos que todo está controlado desde nuestras dos manos. Es falso. Veréis.

 

Lo que llamamos la gran escala, lo grande, está cada vez más descuidado, su poder de resolución es bajo,  dejamos nuestra capacidad de intervenir en estos asuntos  a las noticias sobre el aumento cada año de las temperaturas medias por estación climática; el agujero de ozono y su deterioro ya pertenecen al pasado (seguramente no está estabilizado, pero no tenemos noticias, ya no es noticia), se habla del cambio climático como se habla de la cartelera de Netflix para hoy, como si fuese un capricho de la Tierra  (y no de calentamiento global, que incluiría la culpabilidad del género humano, como así es).  Se dan noticias a mediodía y por la noche de lo que está pasando en Siberia, en Mongolia o en el altiplano boliviano pero nada en absoluto de las políticas locales, de la conveniencia de conexión de cuencas, de las políticas regionales en el manejo de las forestas, en los medios desplegados en la prevención de riesgos relacionados con el ambiente cercano, en el peligro del abandono agrícola y su remedio.

 

Otro signo evidente del despiste humano y su dependencia de la desinformación que premia económicamente a sus promotores es el asunto de los microplásticos. Preocupados por la ingesta de estas micropartículas (que son resultado de la erosión de nuestros propios desechos)  por parte de los grandes peces, no titubeamos delante de un plato de atún rojo en la terraza del Majestic ni nos importa la gestión ni el tratamiento que les hacen a nuestros residuos las grandes compañías que se enriquecen con ellos con técnicas no del tercer mundo, sino del quinto o sexto. Solo sabemos que nuestras bolsas desaparecen cada noche de nuestro portal, no importa qué hacen con ellas. Gafas de cerca para problemas inventados y gafas de lejos para lo que de verdad nos afecta cotidianamente.

 

 Hemos dejado el gran problema de la supervivencia de nuestro planeta en manos de las multinacionales del comercio y de la comunicación, cuando lo que está en juego es lo que más nos interesa y somos nosotros mismos. No se ha oído ni se oirá en años que los laboratorios centren su investigación molecular en la genética de resistencia del pino carrasco o la encina, la conveniencia de tal o tal especie en la reforestación, en las aves o en los pequeños mamíferos, todo eso ha dejado de interesarnos y, en parte, por la política publicista, economicista y falsaria de los grupos ecologistas.


No voy a cometer el error de dar consejos sobre lo que hay que hacer en ciertos instantes, lo que intento es que dediquemos un buen rato al día a dejar apagado el móvil y las redes sociales y a pensar sobre este tema que se nos está escapando de las manos como un pez vivo y mojado. Estamos tratando de salvar al principal agresor del planeta (el género humano) prolongando su vida o modificando su genética para salvar un ser que la selección natural apartaría del camino y, sin embargo, estamos apartando el foco de los responsables mayoritarios: los gobiernos que no piensan cambiar su posición en décadas.

 


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