UN OSCURO AGUJERO EN ALGÚN SÓTANO DEL INFIERNO
Articulo enviado por: Eduardo Seva
¡Por todos los diablos! ¿Cuál es la base de este nuevo comportamiento humano? ¿Cuáles son los principios básicos en los que se asientan estas masas cerebrales? ¿Es que no saben
relacionar acontecimientos concatenados hasta un desenlace final?
He salido de un oscuro agujero en algún sótano del infierno. He estado allí y, entre
ensoñaciones y cabezadas, he podido darme cuenta del dolor, del dolor interminable y del
horror. Ha sido como vivir embebido en una melaza pegajosa a 500 grados sin poder salir.
He llorado. No he parado de llorar por todo, por mis hijos, por mi esposa, por mí, por los
amigos, por la belleza que pudiera perder de vista para siempre, por la luz, por instantes de
dicha.
La razón por la que pueden pasar todas estas escenas de desesperación y de horror es
simplemente un "positivo" de covid 19 mediante PCR. Una neumonía bilateral acelerada
que da los síntomas de cansancio absoluto, de apatía, de flaccidez mental y carnal y
puedes esquivar la muerte si te dan inmediatamente respiración asistida. A partir de ese
instante me propuse disciplinarme y abandonarme a las órdenes dadas desde la plantilla del
hospital, tal y como lo habría hecho mi madre cuando vivía y fue sometida a tanto bamboleo
hospitalario en diversas ocasiones.
Es ahora cuando no puedo asimilar ciertas conductas en el recuerdo de lo que me acuerdo.
No asimilo las negativas cabezonadas de ciertos colectivos a las directrices que dictan
desde arriba, por un puñado de votos futuros que les persevere en ese efímero pesebre. No
asimilo los niveles hormonales que dirigen la conducta festiva de algunos jóvenes y no
puedo comprender ahora la contracorriente negacionista frente a lo coherente y racional.
Me estructuraron la cabeza de una forma más linda, más delicada, más apreciativa, más
doméstica. Nos hemos apartado tanto de la naturaleza humana original, que en el amasijo
de neuronas ya no podemos encontrar palabras como bondad, caridad, amor, respeto,
cooperación, sino las contrarias (y abundantemente).
¡Qué curioso giro generacional fundamentado ahora en la inmediatez, en el egocentrismo y en la cortedad del raciocinio!
Todavía me asaltan "flashes" de escenas en redes sociales de grupos de jovenzuelos sin
mascarilla en celebraciones, cuando se nos ha repartido a cada uno de nosotros un libro
con los "preceptos doctrinaríos de comportamiento en estado de alarma"
¡Por todos los diablos! ¿Cuál es la base de este nuevo comportamiento humano? ¿Cuáles son los principios básicos en los que se asientan estas masas cerebrales? ¿Es que no saben
relacionar acontecimientos concatenados hasta un desenlace final?
Sé que todo esto se soluciona con cultura y con educación casi agresiva si cabe, pero ya no
da tiempo y habrá que pensar en actuaciones más coercitivas. Campañas masivas de
concienciación, imágenes crudas de los trabajos en UCI's, duelos, sepelios, enterramientos
sin posibles últimas despedidas de los familiares queridos, radiografías torácicas, homeless
agonizando en callejones, comercios desahuciados, todo puede valer para embutir de
sensatez esos cráneos vacíos.
Os puedo asegurar que todos los que me han ayudado a seguir viviendo tampoco entienden
nada, andan todo el día como hablando solos, por la incomprensión de los hechos. Pero
también estoy seguro de que la vida se abrirá paso como siempre ha hecho, quizás
llevando del brazo otra cultura, otra forma de hacer las cosas.
Eduardo Seva