Dicen que en esto de los desfiles de Moros y Cristianos hay una norma no escrita que exige superarse año tras año. Ayer por la tarde-noche, las 17 comparsas de El Campello (9 por el bando moro y 8 por el cristiano), lo consiguieron con creces, con la participación en la entrada cristiano-mora de 2.200 festeros y festeras ataviados con los más sofisticados trajes, más de 1.700 músicos aportados por 35 bandas y collas llegadas de toda la provincia, y alrededor de 500 integrantes de los boatos de las dos capitanías.
Fue un espectáculo que superó esa especie de prueba cuyos examinadores eran las miles de personas que abarrotaran la avenida de la Generalitat, pendientes de cada detalle, de cada pieza musical, de las actuaciones d ellos cabos de escuadras y, sobre todo, de los boatos, que siempre siguen un hilo conductor, porque no se trata únicamente de desfilar, sino de transmitir una parte de la historia, aderezada por grupos de bailarinas, jinetes y amazonas, fuego, ornamentos florales y frutales y carrozas desde las que se lucen los cargos de las dos capitanías.
El desfile lo arrancó el bando cristiano, precedido por todos los estandartes de las comparsas que portaban integrantes de grupo Scout Mare Nostrum de El Campello, por este orden: Cavallers del Temple, Tercio de Flandes, Cristians del Campello, Jaume I, Cavallers de Montesa, Els Marinos, Cavallers de Conquesta y Els Maseros, que ostente la capitanía este año.
El hilo conductor de la capitanía fue una fábula llamada “La llegenda de les Quatre Dames de l’Horta”, una por cada estación del año, con escenificación de la leyenda que indica que se trataba de las damas que protegían los cultivos de la huerta alicantina del demonio, que odiaba especialmente el cultivo de la algarroba. A lo largo del boato las vimos iniciando la estación y ofreciendo protección a su cosecha.
DE JUDEA A EL CAMPELLO
El orden del desfile del bando moro fue el siguiente, también tras los estandartes de todas las comparsas: Meixemet, Els Pacos, Els Pollosos, Kordofan, Veterans, Zaidies, Marrocs, Non Bebec y Ain Karim, que ostenta la capitanía.
El espectáculo del boato consistió en una historia que transitaba entre la realidad y la fantasía, hundiendo sus raíces en las colinas del suroeste de Jerusalén, en la región de Judea. Allí nació hace miles de años el pueblo de Ain Karim que da nombre a la comparsa. Este pequeño rincón, ubicado en Tierra Santa, fue escenario de algunos episodios bíblicos y se convirtió en un lugar sagrado para los cristianos.
SOBRESALIENTE
Al final, ese jurado popular examinador concedió un sobresaliente al desfile, que no se perdieron autoridades convenientemente dispuestas en la tribuna, en la que se sentaron representantes de Alicante, Mutxamel, Busot, Sant Jon, Pinoso, Sant Vicent, Xixona, Aigües y Tibi, junto con los diputados nacionales Joaquín Melgarejo y Julia Parra.
En definitiva, el desfile resultó una exhibición de color y música que impactó, sobre todo a los visitantes extranjeros, que asombrados captaron muchos momentos con sus cámaras o teléfonos móviles. Imágenes que dieron la vuelta al mundo en cuestión de segundos.