Pura magia. La hora (al amanecer), el escenario (el mar y la playa), la pólvora (con un centenar de tiradores), la historia (con embajada en valenciano), la luz (propia del Mediterráneo), el colorido (con las vestimentas de cargos festeros y tropas de ambos mandos), y la música (siempre presente), han vuelto a convertir en puro espectáculo para todos los sentidos el desembarco de las fiestas de Moros y Cristianos de El Campello.
Estruendoso, como está mandado, para que el asalto de las tropas moras acabara con la toma de la plaza tras una lucha contra las defensas cristianas, que acaban sucumbiendo.
Se trata de un espectáculo único, declarado de Interés Turístico Provincial, que se ha desarrollado siguiendo el guion establecido, con miles de personas apostadas en las gradas, murete, paseo y terrazas de hostelería para verlo presencialmente, con la vista dirigida a l agua y la arena o a través de las grandes pantallas instaladas en el paseo marítimo de Carrer la Mar.
Mucho más público ha seguido el evento por "streaming" en directo, y por diversos canales de televisión que lo consideran el acto más vistoso y representativo de las fiestas campelleras.
Se ha celebrado al amanecer de hoy, 12 de octubre, una fecha en la que el pueblo madruga más de lo habitual para conseguir un buen sitio.
Los protagonistas han sido, cómo no, los cargos festeros. Por parte del bando cristiano (de la comparsa Maseros), los capitanes Roberto Torrejón Ucedo y Ruth Déborah González Solves, el ambaixador Marco Antonio Lledó Planelles y la banderera Virginia Torrejón Chacopino.
Y por el bando moro (comparsa Ain Karim), los capitanes, Juanfran Gomis i Planelles e Immeta Peremarch i Esteve, el ambaixador Daniel Yepes Varo y la banderera Paula Fúnez Parodi.
De todos ellos, de quienes más pendientes estaban los festeros era de los dos ambaixadors, que han empleado meses de trabajo en memorizar y ensayar los parlamentos.
PURA ESENCIA FESTERA
Mucha pólvora y armamento de la época como cimitarras, hachas, dagas, lanzas o puñales, participación de caballos y jinetes, antorchas y música de batalla. El espectáculo es producto de una coordinación perfecta de efectivos humanos y medios técnicos. Pura esencia festera, pura historia y ejemplo de representación teatral en una playa convertida en un inmenso plató (con campamento cristiano incluido) que asombra por su majestuosidad y que es un regalo para todos los sentidos.
Como ocurre cada año, antes de las 6:00 horas de la madrugada apenas quedaban ya huecos para seguir al desembarco, aunque la cita arrancaba oficialmente a las 7:00 horas, con los primeros disparos de arcabucería, seguido del desembarco propiamente dicho a las 8:00, para finalizar a las 9:30.