Enhorabuena por el decreto que han sacado con tanta prisa para quienes han sido desahuciados de sus viviendas. Una firma rápida, un gesto que alivia a quienes pierden su techo. Muy bien.
Pero no bastará con aplaudir mientras se sigue pisoteando a otros. .Somos más de siete millones de enfermos invisibles. Desahuciados no de un piso, sino de nuestra propia vida. Sin medicación que cure, incapacitados por enfermedades graves que el sistema prefiere ignorar. Cuerpos que se derrumban en silencio mientras el gobierno mira hacia otro lado.
Nos han dejado fuera de todo: de los presupuestos, de las prioridades, de la dignidad. Desde mayo tenemos una PNL registrada y pendiente. Un texto claro, concreto, que podría mejorar de inmediato la existencia de parte de esos siete millones de condenados.
Y ahí sigue, guardada, olvidada, como si nuestras vidas no merecieran ni el tiempo de una votación. Si se votara ya, habría alivio real. Pero prefieren la demora. ¿Qué más tenemos que hacer? ¿Acampar también en la Puerta del Sol para que nos oigan? ¿Convertirnos en un campamento de cuerpos rotos para que dejen de tratarnos como si no existiéramos?
Cuidado. Somos más de siete millones. No somos un número cómodo ni un problema menor. Somos una masa que no cabe en el olvido ni en la plaza del sol. El decreto de los desahucios de ladrillo es una noticia. El abandono de los desahuciados de carne es una afrenta constante y asumida por el estado, la sanidad y la justicia.
Exigimos la misma urgencia. La misma firmeza. La misma voluntad política.
Harmonie Botella