El Campello vivió el viernes una tarde muy especial alrededor de la danza, gracias al programa “Mediterranean Pass”, unas jornadas de intercambio de experiencias, puesta en valor de este arte y espectáculos que se suceden en diferentes espacios, como la Casa de Cultura o el paseo marítimo de Carrer la Mar.
El encuentro es una apuesta de la concejalía de Cultura que dirige Dorian Gomis por la danza. Ayer, dos actividades llenaron de movimiento, arte, emociones y público el municipio. La tarde comenzó a las 18:00 horas en la Casa de la Cultura, con la muestra de la residencia ‘The Clothes That Wear Us 2.0’, de Elena Álava y Sophie Page, y continuó a las 20:00 horas en el Paseo Marítimo, donde se presentaron tres piezas cortas de danza.
La primera propuesta, ‘Mi Ropa, Un Cuentacuentos’, significó mucho más que una muestra de danza. Elena Álava y Sophie Page llevaron al escenario una investigación que en la actualidad gira alrededor de una cuestión muy cercana a todos: la relación que tenemos con la ropa y lo que esta dice de nosotros.
La ropa dejó de ser simplemente ropa para convertirse en parte de una historia basada en la identidad. Las bailarinas jugaron con las prendas, con sus cuerpos y con el espacio, creando diferentes situaciones y formas de expresarse. El movimiento fue cambiando constantemente y permitió pasar de momentos más divertidos y dinámicos a otros más personales y emotivos.
Después de la actuación llegó otro de los momentos importantes de la tarde. Las artistas se reunieron con el público para explicar cómo había sido el proceso de creación y hablar sobre las ideas que hay detrás de la obra. La danza dejó durante unos minutos el escenario para convertirse en conversación, reflexión y puesta en común de opiniones respecto al tema de la identidad.
Pero la tarde no terminó ahí, sino que continuó a las 20:00 horas, pero esta vez la danza salió de la Casa de la Cultura y se trasladó al Paseo Marítimo, ante La Penyeta, donde estaban programadas tres piezas cortas: ‘Horabaixa’, de Radicel·la; ‘Montar un cuerpo’, del Colectivo La Triangular; y ‘Entre Besos i Arraps’, de Mano a Mano Danza.
El cambio de espacio hizo que la experiencia fuera completamente diferente. La danza se mezcló con el ambiente del paseo y con las personas que se acercaron para disfrutar de las actuaciones. Poco a poco, mucha gente se fue colocando alrededor de la zona donde se desarrollaban las piezas, formando un gran círculo alrededor de los artistas.
Familias, vecinos y visitantes disfrutaron del espectáculo. Hubo risas, comentarios y, sobre todo, muchas ganas de participar y dejarse llevar por lo que estaba ocurriendo. De hecho, por momentos, el público también terminó bailando acompañando a los artistas, haciendo que la separación entre quienes actuaban y quienes miraban fuera mucho menos evidente. La música, el movimiento y el ambiente del paseo hicieron que la actividad se viviera de una manera muy cercana y espontánea.
Más allá de las propias piezas, lo que se vivió alrededor también formó parte del espectáculo. La danza rodeada de gente, con familias disfrutando juntas, personas bailando mientras observaban las actuaciones y un público que se dejó llevar por el ambiente.
